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Por qué la permisología pesa al invertir en República Dominicana

  • Foto del escritor: María Mónica Falla Polania
    María Mónica Falla Polania
  • 23 jun
  • 6 min de lectura
Planos arquitectónicos y cascos de construcción como parte del proceso de permisología inmobiliaria en República Dominicana.
La parte invisible de una propiedad empieza antes de la obra: planos, revisión técnica, responsables y procesos que ayudan a entender si un proyecto está bien estructurado antes de comprometer una inversión.

Una propiedad atractiva entra por los ojos. Ubicación con buena historia, materiales bien resueltos, amenidades pensadas, un plan de pago que cuadra con la chequera. Esa primera capa es la que se trabaja con más esmero en una sala de ventas, y es legítima: cuenta el proyecto, su atmósfera y su propuesta de vida.


Pero hay una segunda capa que rara vez aparece en una presentación comercial y que, para quien invierte desde fuera del país, empieza a pesar tanto como la primera. Permisos. Planos firmados. Licencias en trámite. Cronogramas validados. Instituciones que aprueban. Profesionales con responsabilidad legal sobre lo que se está construyendo. Es la parte silenciosa del real estate dominicano y, durante los últimos meses, dejó de ser silenciosa.


Para un comprador internacional que evalúa hoy la permisología inmobiliaria República Dominicana, ese cambio importa. No porque tenga que volverse arquitecto ni abogado, sino porque el país está reorganizando justamente la dimensión del negocio que más impacta su riesgo: el proceso. Y lo está haciendo en público.


La permisología pasó al primer plano


El 10 de mayo de 2026, el Ministerio de Vivienda, Hábitat y Edificaciones (MIVHED) sostuvo un encuentro en Punta Cana con la Asociación de Constructores y Desarrolladores de la Provincia La Altagracia (ADECLA), dentro del proceso de fortalecimiento de la nueva Ventanilla Única de Construcción (plataforma donde un desarrollador o promotor debería poder gestionar, dar seguimiento y ordenar los permisos necesarios para construir una edificación en República Dominicana). El ministro Víctor Bisonó lo enmarcó así: la modernización tiene que construirse con quienes ejecutan

obra día a día, ofreciendo reglas claras que den previsibilidad tanto a desarrolladores como a inversionistas. El mensaje institucional fue prudente y vale releerlo así: reducir tiempos y simplificar trámites sin sacrificar el cumplimiento de las normativas vigentes. Modernizar, no aflojar.


El telón de fondo del encuentro no es menor. Durante el primer cuatrimestre de 2026 el MIVHED emitió 594 licencias de construcción, un 93 % más que en el mismo período del año anterior, movilizando más de RD$230,000 millones en inversión privada asociada a proyectos aprobados. La cifra confirma lo que cualquiera que recorra Punta Cana, Cap Cana o el Este puede ver con los ojos: el mercado se mueve. Y precisamente porque se mueve, el cuello de botella de la permisología pasó a ser una variable que el Estado entendió como prioritaria.


Cuando un sistema crece a ese ritmo, la falta de trazabilidad deja de ser un detalle administrativo y se convierte en una variable de confianza.


Para el inversor extranjero, la lectura debe ser tan prudente como la del MIVHED. La reforma no garantiza aprobaciones express, no vuelve la permisología menos exigente, y no convierte un proyecto en buena inversión por el solo hecho de que el sistema se esté actualizando.


Lo valioso es que el proceso empieza a hacerse visible. Y cuando un mercado muestra mejor cómo se aprueban, se revisan y se ordenan sus proyectos, el comprador también puede mirar con más criterio antes de comprometer su inversión.



Profesionales revisando planos de un proyecto inmobiliario en proceso de evaluación técnica.
Revisar una propiedad no es mirar solo su ubicación o su propuesta comercial. También implica entender qué documentos, permisos y decisiones técnicas sostienen el proyecto por detrás.

La Ventanilla Única no es un atajo, es trazabilidad


La Ventanilla Única de Construcción no es un "camino rápido" para aprobar lo que sea.


Su valor está en otra parte: ordena trámites, coordina instituciones, reduce duplicidades y hace visible el recorrido de un expediente. El MIVHED informó en mayo de 2026 que la VUC tiene un avance cercano al 50 % de desarrollo e incorporará el sistema NORM, una herramienta diseñada para estandarizar los criterios técnicos con los que se evalúan los expedientes.


En paralelo se anunció Inteligencia MIVHED, una plataforma digital pensada para que los usuarios con procesos de permisos en curso consulten el estatus de sus expedientes sin intermediarios ni llamadas.


Ese punto se siente especialmente fuera del país. Cuando el comprador vive en Madrid, Washington o Toronto, no siempre puede acercarse a obra, sentarse con el desarrollador o seguir cada hito de cerca. Cualquier herramienta que aporte trazabilidad reduce las fricciones de información, que es justo donde suelen ocurrir los disgustos.


Trazabilidad no elimina el riesgo, pero sí permite responder con documentos a una pregunta básica que el comprador venía respondiéndose a ciegas: si el proyecto declara estar en una etapa determinada, ¿esa etapa puede comprobarse? Vale leer el avance de la VUC como un proceso en marcha, no como una promesa comercial que los proyectos puedan anunciar sin matices. La modernización institucional suma; la debida diligencia del comprador sigue siendo indispensable.



El nuevo Código de Construcción y la regla de oro de la transición


La permisología no ocurre aislada. En abril de 2026, el MIVHED oficializó el Código de Construcción de la República Dominicana mediante la Resolución 007-2026. En lenguaje práctico: el país actualizó el marco técnico que regirá el diseño, la construcción y la supervisión de obras a nivel nacional.


El propio MIVHED estableció un período de transición de un año, hasta el 10 de abril de 2027, durante el cual coexisten el régimen técnico anterior y las disposiciones del nuevo Código, bajo criterios específicos.


Los proyectos que ya habían iniciado su trámite antes de la entrada en vigor del nuevo Código seguirán siendo revisados bajo las reglas que aplicaban cuando fueron depositados. Eso es importante para el comprador porque evita confusiones: no todos los proyectos estarán en la misma etapa ni bajo el mismo marco técnico.


La pregunta práctica no es aprenderse el Código de Construcción. La pregunta es mucho más simple:


¿Bajo qué reglas se está tramitando este proyecto y puede el desarrollador explicarlo con claridad?


Esa respuesta ayuda a entender si el proyecto está bien ordenado o si todavía hay dudas que conviene revisar antes de firmar.



Tres tipos de proyecto que el inversor encontrará cuando empiece a preguntar


Cuando un comprador extranjero deja de hablar solo de ubicación y empieza a hablar de permisología, suele encontrarse con tres clases de respuestas. Distinguirlas a tiempo ahorra meses de desgaste y, en algunos casos, una decisión equivocada.


Está el proyecto que responde con documentos. Comunica su etapa real sin rodeos. La licencia existe, o el estado del trámite está explicado con respaldo a la vista. El desarrollador identifica responsables técnicos con nombre y apellido. El cronograma comercial encaja con el avance físico de obra. La información puede revisarse con asesores externos. No equivale a ausencia de riesgo, pero hay estructura debajo.


Está, también, el proyecto que responde a medias: hay disposición a dialogar, pero las respuestas se quedan en lo general. Todo está "en proceso", sin fechas firmes ni documentos disponibles, y el equipo comercial promete más de lo que puede demostrar. Llegan materiales atractivos y muy poca información técnica. No es necesariamente una mala compra; es una compra que pide pausa, una segunda reunión y, sobre todo, revisión externa antes de firmar.


Y está el proyecto que evita la pregunta. No hay claridad sobre licencia ni etapa permisológica. El cronograma luce demasiado agresivo frente al avance real de obra. Nadie identifica con precisión a los responsables técnicos, la información cambia de boca en boca, y aparece presión para decidir antes de revisar. Ahí el reflejo correcto no es seguir avanzando: es detenerse y revisar con asesoría legal.



Vista aérea de una construcción inmobiliaria en desarrollo en República Dominicana.
Una obra en marcha recuerda que toda inversión inmobiliaria tiene una etapa real, un proceso y un calendario que deben poder explicarse con claridad antes de avanzar en una compra.

Lo que cambió, en concreto, para el inversor


Hasta no hace mucho, el comprador internacional resolvía con tres preguntas: dónde queda, cuánto cuesta y cuánto puede rentar. En 2026 esas tres se quedan cortas. También importan quién desarrolla, qué permisos tiene, en qué etapa real está, bajo qué normativa se tramita y qué tan trazable es la información si el calendario se mueve.


La permisología no garantiza rentabilidad, no reemplaza la revisión legal, financiera, técnica ni comercial, y no es la última palabra del proceso. Pero funciona como una señal de seriedad temprana, antes incluso de entrar a discutir números.


Una propiedad no es solo una ubicación: también es un proceso. Cuanto más claro sea ese proceso, mejor podrá medir el comprador el riesgo que está asumiendo. La modernización de la permisología en República Dominicana (Ventanilla Única, sistema NORM, Inteligencia MIVHED, nuevo Código de Construcción) es buena noticia para quien quiere comprar mejor, y una señal incómoda para quien todavía cree que basta con vender rápido.


En Laura Acevedo Real Estate Investment, LARE, acompañamos a inversores internacionales que evalúan el mercado inmobiliario dominicano con criterio: ubicación, etapa real del proyecto, estructura del desarrollador, operación y visión a largo plazo. Las preguntas correctas, hechas a tiempo, suelen pesar más que cualquier ajuste posterior en la mesa de negociación.

 
 
 

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